Espada Gran Capitán (Plata)
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El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, fue Militar al servicio de los Reyes Católicos (S.XV y XVI). Perteneciente a la casa de Aguilar, se formó a caballo entre la tradición guerrera de la frontera andaluza y la corte real castellana.

- Longitud: 75 cm

- Ancho: 17,5 cm

- Peso: 1,2 kg

En las Guerras de Grana “El Gran Capitán”, Gonzalo Fernández de Códoba, fue Militar al servicio de los Reyes Católicos (s.XV y XVI). Perteneciente a la casa de Aguilar, se formó a caballo entre la tradición guerrera de la frontera andaluza y la corte real castellana. En las Guerras de Granada (1480-92) empezó a practicar sus innovaciones tácticas que le convirtieron desde joven en el más destacado jefe militar de la monarquía castellano-aragonesa. Introduce grandes reformas en el “arte de la guerra”: de la pesadez medieval (caballería pesada) a la agilidad moderna (infantería) y adiestró a sus hombres mediante una disciplina rigurosa y formó su moral, despertando en ellos el orgullo de cuerpo, la dignidad personal, el sentido del honor nacional y el interés religioso. 

Pronto se asoció su nombre a la valentía. Una de las primeras batallas en las que intervino fue la de Albuera, cuando combatió a las huestes del rey de Portugal que habían invadido Extremadura.

Pero donde realmente comenzó a mostrar su ingenio militar fue durante la «Guerra de Granada», una campaña militar que se sucedió a partir de 1482 y en la cual los españoles pretendían expulsar a Boabdil del último estado musulmán en la Península Ibérica. Los servicios que prestó durante aquella campaña fueron premiados con la encomienda de la Orden de Santiago, además de otras rentas y señoríos.

Hacia 1497, tras una breve estancia en la Corte, los Reyes Católicos le nombran "adalid de la Frontera", un grado que equivalía a capitán.

Los éxitos de la Campaña en Italia (la toma de Reggio, Atella y Nápoles) le valieron el sobrenombre de Gran Capitán y el título de duque de Santángelo.

La muerte de la reina Isabel la Católica en 1504 marcó el inicio de la caída en desgracia del Gran Capitán. Su enfrentamiento con Fernando el Católico alcanzó un punto culminante a raíz del Tratado de Blois (1505), momento en que cuenta la leyenda que exigió al Gran Capitán que rindiera cuentas de su gestión.

El cordobés nunca dejó de ser un oficial cercano a sus hombres, con sentido del honor para con el contrario, estoico y, ante todo, súbdito leal hacia unos Reyes Católicos que iniciaban en sus hombros la aventura de una nueva nación

La herencia del «Gran Capitán» revolucionó la forma de combatir a nivel mundial: formación de la tropa en compañías al mando de un capitán, y el experto manejo de las armas de fuego individuales del combatiente de a pie.

Dió un papel fundamental a la caballería. Sustituyó la guerra de choque medieval por la táctica de defensa-ataque dando preferencia a la infantería sobre todas las armas.

Hizo de la infantería española aquel ejército formidable del que decían los franceses después de haber luchado contra él, que «no habían combatido con hombres sino con diablos».

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